Anecdotario. Blog divertido y desenfadado de Curro Gutiérrez Vargas basado en anécdotas reales.
bienvenidos
Bienvenidos aquellos que saben valorar una sonrisa. Bienvenido los que saben sobrellevar con humor los problemas. Los que saludan por la calle. Los que saben disfrutar de un rato de charla.
Bienvenido los que saben dialogar y respetar al contrario. Bienvenidos los que defienden sus pensamiento, sus deseos y sus locuras siendo tolerantes.
Bienvenidos los que saben reirse de si mismo y los que saben encontrar algo positivo en un mal momento. Los que disfrutan del mar y de la cervecita, de la compañía de los amigos y de la libertad de ser cada uno diferente pero iguales.
Bienvenido al fín, todo aquel que sepa aprovechar el don de la vida.
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LA OTRA INFORMACIÓN ALTERNATIVA
domingo, 27 de noviembre de 2011
sábado, 19 de noviembre de 2011
La primera derrota ( Como dejé de fumar 4ª parte)
Durante cuatro meses solo fumaba los fines de semana. A veces, con tal de no ser un gorrón, compraba un paquete de tabaco, fumaba 3 o 4 cigarro y cuando ya me dirigía hacia mi casa para el descanso nocturno, lo depositaba en la última papelera que me encontraba antes de llegar a mi hogar. En algunas ocasiones, como me daba pena tirar tantos cigarrillos depositaba este casi intacto paquete sobre algún lugar donde podría ser visto por otra persona más necesitada de nicotina.
Así transcurrió casi cuatro meses y yo pienso que la clave de que no fumara más consistía en no tener tabaco en mi casa. ¡Ay pero un día! Un día no tuve fuerza de dejar ese paquete en la última papelera. Pero un día me dije: Bueno, por tener el paquete de tabaco en casa no voy a fumar más. ¡Y ese día comenzó mi derrota!
Al tener tan cerca el vicio, como diría la psicóloga, caí una y otra vez. Cuando me levantaba, allí estaba para mis primeros humos. Tras el desayuno, los siguiente. Si tenía que conducir, me llevaba un par de ellos para el camino. Tras el almuerzo. Para la merienda y ya el colmo del derroche, para cuando escribí en el ordenador.
Y esos 4 o 5 cigarros semanales, se convirtieron poco a poco en 25, después en 45, tras esto en otro y otro número mayor. Aunque aún seguía engañándome en que había dejado de fumar por completo.
Aún me quedaban algunos reductos sin humo. Cuando visitaba a mis padres en su casa. Sentía que debía cumplir la promesa de que no volvería a fumar ante mis progenitores. Pero esta también se derrumbaría. El primer día, casi al amanecer, medio escondido en la azotea de mi casa, como un niño chico, volví a retomar el vicio en casa de mis progenitores. A partir de ese fomento, los cigarros se volvieron a multiplicar, que es la razón matemática que mejor dominan.
Sería mayo, cuando ya había concedido el pleno. Había retornado a la misma cantidad de cigarro que fumaba antes de la hipnosis. Y aquí, si reconocí, que había perdido esta batalla.
Tuve mis dudas, pensé rendirme para siempre de esta guerra. Pero recordé en los momentos en que casi estuve sin fumar, en lo bien que me sentí, en lo bien que olía mi casa. Fui calculador y pensé que aún me quedaba dos intentos más con la psicóloga. Los tenía pagado. ¿Por qué no volver a intentarlo? Era gratis y además durante esta primera batalla en algunos momentos parecía que el vencedor era yo. ¿Y si al final ganaba la guerra?
Así transcurrió casi cuatro meses y yo pienso que la clave de que no fumara más consistía en no tener tabaco en mi casa. ¡Ay pero un día! Un día no tuve fuerza de dejar ese paquete en la última papelera. Pero un día me dije: Bueno, por tener el paquete de tabaco en casa no voy a fumar más. ¡Y ese día comenzó mi derrota!
Al tener tan cerca el vicio, como diría la psicóloga, caí una y otra vez. Cuando me levantaba, allí estaba para mis primeros humos. Tras el desayuno, los siguiente. Si tenía que conducir, me llevaba un par de ellos para el camino. Tras el almuerzo. Para la merienda y ya el colmo del derroche, para cuando escribí en el ordenador.
Y esos 4 o 5 cigarros semanales, se convirtieron poco a poco en 25, después en 45, tras esto en otro y otro número mayor. Aunque aún seguía engañándome en que había dejado de fumar por completo.
Aún me quedaban algunos reductos sin humo. Cuando visitaba a mis padres en su casa. Sentía que debía cumplir la promesa de que no volvería a fumar ante mis progenitores. Pero esta también se derrumbaría. El primer día, casi al amanecer, medio escondido en la azotea de mi casa, como un niño chico, volví a retomar el vicio en casa de mis progenitores. A partir de ese fomento, los cigarros se volvieron a multiplicar, que es la razón matemática que mejor dominan.
Sería mayo, cuando ya había concedido el pleno. Había retornado a la misma cantidad de cigarro que fumaba antes de la hipnosis. Y aquí, si reconocí, que había perdido esta batalla.
Tuve mis dudas, pensé rendirme para siempre de esta guerra. Pero recordé en los momentos en que casi estuve sin fumar, en lo bien que me sentí, en lo bien que olía mi casa. Fui calculador y pensé que aún me quedaba dos intentos más con la psicóloga. Los tenía pagado. ¿Por qué no volver a intentarlo? Era gratis y además durante esta primera batalla en algunos momentos parecía que el vencedor era yo. ¿Y si al final ganaba la guerra?
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lunes, 14 de noviembre de 2011
Paseos edificantes
El pasado sábado realicé una visita turística al cementerio de Sevilla, cosa poco usual, pero recomendable por lo interesante que es el lugar. Estas visitas las convoca un grupo dedicado al turismo por Sevilla capital. Hace dos sábado hice la ruta de la Sevilla del teatro del siglo de oro.
Para realizar la visita guiada, en principio, debes contactar con esta dirección http://www.engranajesculturales.com/web/paseosculturales/
Así reserva la excursión. Por teléfono o mediante correo electrónico. Tras esto te convocan normalmente el sábado por la mañana en un lugar concreto de Sevilla, donde te espera un guía que es el te mostrará la ruta a seguir.
Este sábado fue un poco difícil distinguir cuales eran el grupo que iban a realizar la ruta turística y cuales los deudos de un entierro inmediato. Yo me planté sobre las doce menos cuartos en la puerta del campo santo, mire a un lado y a otro, observe cual de los grupos estaba más triste o más alegre. Pero en ello no encontré diferencia. Lo único que me dedujo cual era el grupo de turista, fue la cantidad de cámaras de fotos que llevaban colgadas esas personas. Por lo que pensé o que últimamente a los humanos nos importa tres pitos las defunciones de otro, o que sabemos disimular muy bien nuestro sentimiento.
En fin, que encontrado el grupo y con él, nuestro guía, nos decidimos a emprender la lúgubre marcha. Antes de nada, el guía nos entregó a algunos de nosotros unos misteriosos sobres negros, dentro de los cuales se encontraba unos de los personajes cuya tumba iríamos a visitar. A mí por cierto, me tocó, Paquirri.
La primera dirección que tomamos fue hacia el cementerio de los que no son católicos. Allí también se encuentran los niños no bautizados, los ateos, que aunque no crean en el cielo en algún lugar tendrán que reposar, y también estaban los excluidos de toda gloria, los malditos por excelencias: Los suicidas. Siempre tendré la duda de estos si son unos grandes valientes o unos terribles cobardes. De todas maneras los pobrecitos, que encima se suponen tuvieron una vida perra, encima también le joden la muerte. A que no adivinan quien? Pues eso. Amén
Al lado de este rebaño tan heterogéneo se encontraba el cementerio de los judíos. No pudimos entrar, pero se vislumbraba las pequeñas piedrecitas que suelen ponerlas sobre sus tumbas. ¿Ustedes saben que cuando se entierra a un judío, todos los que asisten a su funeral deben de echar sobre el ataúd un puñado de tierra con una pala? Y lo más curioso de eso, es que antes de pasarse la pala de uno a otro, esta la deben depositar clavada un rato sobre la tierra, si se pasan la pala de uno a otro inmediatamente por lo visto le dará mala suerte. Supongo que la mala suerte no será repartida también para el muerto, pues el pobre ya bastante tiene con ser ese día el protagonista.
Ahora que lo pienso. Por muy insignificante que sea alguien, siempre en su vida tiene un momento de atención, o más bien dos. El de nacer y el de enterrarte. ¡Menudo afán de protagonismo!
Bueno tras esto recorrimos otras partes del cementerio. Vimos panteones interesante, panteones lúgubre, casi derruidos. Panteones enormes y pomposos y otros olvidados. Por ver vimos hasta panteones casi discotequeros. Hasta en la muerte algunos se pretenden señalar.
Os podría contar mucho más, porque el cementerio de Sevilla tiene leyenda y largo abolengo, pero mejor visitarlo ustedes. Las cosas en vivo son mejores. ¡Je,je!. ¿Cogen la ironía?.
Por cierto, hacerlo como lo hace una amiga mía, lo visita cuando está más deprimida. ¿Para qué? ¿Para irse acostumbrando? No, hombre, no, Lo hace para recordarse lo corta que es la vida, y los sofocones a veces tan tonto que nos llevamos. Mi amiga dice que tras su vuelta del cementerio, ella sale de allí como nueva. Pensando que solo se vive una vez, y no va dejar que una u otro tontería, la prive de ese derecho tan bonito que es tener una buena vida.
Para realizar la visita guiada, en principio, debes contactar con esta dirección http://www.engranajesculturales.com/web/paseosculturales/
Así reserva la excursión. Por teléfono o mediante correo electrónico. Tras esto te convocan normalmente el sábado por la mañana en un lugar concreto de Sevilla, donde te espera un guía que es el te mostrará la ruta a seguir.
Este sábado fue un poco difícil distinguir cuales eran el grupo que iban a realizar la ruta turística y cuales los deudos de un entierro inmediato. Yo me planté sobre las doce menos cuartos en la puerta del campo santo, mire a un lado y a otro, observe cual de los grupos estaba más triste o más alegre. Pero en ello no encontré diferencia. Lo único que me dedujo cual era el grupo de turista, fue la cantidad de cámaras de fotos que llevaban colgadas esas personas. Por lo que pensé o que últimamente a los humanos nos importa tres pitos las defunciones de otro, o que sabemos disimular muy bien nuestro sentimiento.
En fin, que encontrado el grupo y con él, nuestro guía, nos decidimos a emprender la lúgubre marcha. Antes de nada, el guía nos entregó a algunos de nosotros unos misteriosos sobres negros, dentro de los cuales se encontraba unos de los personajes cuya tumba iríamos a visitar. A mí por cierto, me tocó, Paquirri.
La primera dirección que tomamos fue hacia el cementerio de los que no son católicos. Allí también se encuentran los niños no bautizados, los ateos, que aunque no crean en el cielo en algún lugar tendrán que reposar, y también estaban los excluidos de toda gloria, los malditos por excelencias: Los suicidas. Siempre tendré la duda de estos si son unos grandes valientes o unos terribles cobardes. De todas maneras los pobrecitos, que encima se suponen tuvieron una vida perra, encima también le joden la muerte. A que no adivinan quien? Pues eso. Amén
Al lado de este rebaño tan heterogéneo se encontraba el cementerio de los judíos. No pudimos entrar, pero se vislumbraba las pequeñas piedrecitas que suelen ponerlas sobre sus tumbas. ¿Ustedes saben que cuando se entierra a un judío, todos los que asisten a su funeral deben de echar sobre el ataúd un puñado de tierra con una pala? Y lo más curioso de eso, es que antes de pasarse la pala de uno a otro, esta la deben depositar clavada un rato sobre la tierra, si se pasan la pala de uno a otro inmediatamente por lo visto le dará mala suerte. Supongo que la mala suerte no será repartida también para el muerto, pues el pobre ya bastante tiene con ser ese día el protagonista.
Ahora que lo pienso. Por muy insignificante que sea alguien, siempre en su vida tiene un momento de atención, o más bien dos. El de nacer y el de enterrarte. ¡Menudo afán de protagonismo!
Bueno tras esto recorrimos otras partes del cementerio. Vimos panteones interesante, panteones lúgubre, casi derruidos. Panteones enormes y pomposos y otros olvidados. Por ver vimos hasta panteones casi discotequeros. Hasta en la muerte algunos se pretenden señalar.
Os podría contar mucho más, porque el cementerio de Sevilla tiene leyenda y largo abolengo, pero mejor visitarlo ustedes. Las cosas en vivo son mejores. ¡Je,je!. ¿Cogen la ironía?.
Por cierto, hacerlo como lo hace una amiga mía, lo visita cuando está más deprimida. ¿Para qué? ¿Para irse acostumbrando? No, hombre, no, Lo hace para recordarse lo corta que es la vida, y los sofocones a veces tan tonto que nos llevamos. Mi amiga dice que tras su vuelta del cementerio, ella sale de allí como nueva. Pensando que solo se vive una vez, y no va dejar que una u otro tontería, la prive de ese derecho tan bonito que es tener una buena vida.
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sábado, 5 de noviembre de 2011
las comparaciones son odiosas
SIN PALABRAS
gRACIAS A jUAN CAScöN pOR El eNVIO De LA fOtO
El otro día mientras regresaba del trabajo, una de mis compañeras de automovil, me comentó que para ese día, y hablando del tiempo, se esperaba alerta naranja.
Yo haciendome el graciocillo le repliqu.e : " Pues que yo sepa, aún no ha caido ni una gota de zumo".
Esas son las tonterias del camino: Ni que las hubiera escrito el Yuyu
sábado, 22 de octubre de 2011
¡Cualquiera pasa!
Este mi último descubrimiento fotográfico.
Se me apareció en una céntrica iglesia gaditana. Y desde luego entre el cartel y sobre todo el pedazo de mano que tiene levantada, no cabe duda sobre sus intensiones. ¡Cualquiera se atreve!.
Por cierto. ¿No recuerda el gesto del brazo y la mano derecha a aquella otra posturita que tuvieron que poner algunas personas no hace demasiados años?. Ya solo le falta además de impedirnos el paso, que cante el cara al sol.
Yo no conozco al oscuro señor que imparte catequesis en esa parroquia, pero por lo que se puede uno imaginar por su sobrio guardián, me temo que interrumpir sus plegarias nos puede costar una buena regañita, e incluso ir directamente al fuego eterno.
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jueves, 13 de octubre de 2011
El primer intento ( como dejar de fumar 3 )
Al día de hoy ya llevo unos dos meses y medio sin fumar. Aunque eso no me ha impedido coger el pedazo de resfriado que tengo ahora mismo. ¿Merece la pena? Globalmente diría que sí, pero no te creas que hace milagros. Si eres un soso, un aburrió y un manio, seguirás siendo la misma persona con humo que sin él. ¡Que sí, que hueles mejor! Pero también huele mejor lo peor, valga la paradoja. Esencialmente dejar de fumar te beneficia en tu economía, en mi caso 1.300 euros aproximadamente al año. También tú y tu ropa suelen oler mejor, bueno siempre con la pequeña ayuda del desodorante, no te obsesionas a las 12 de la noche porque se te acaba el tabaco y otras cosillas que ya comentaré. Si quieres más detalle consulta esta página web de la OCU.
Bueno a lo que iba. Tras la primera hipnosis mi idea, si he de ser sincero, no era dejar de fumar del todo, sino hacerme fumador solamente de fin de semana, como mi amigo Domingo o mi amiga Chelo. Eso quedaba bonito, no fumar ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves. Ya el viernes según como se torciera, y el sábado y el domingo por lo menos un par de cigarritos por día. ¡Eso estaba bien! Menudo planazo.
Y así comencé, cuatro diitas sin fumar, y llego el primer examen, la primera cervecita en compañía de fumadores. Yo muy chulito aparecí con un cigarro mentolado, de esos que venden en la farmacia. Así como de pronto, anuncié la buena nueva: “HE DEJADO DE FUMAR”.
Si, si, lo dicho: ¡Que ya no fumo! ¿Pero desde cuando, killo? Por lo de killo se reconoce claramente que yo me encontraba situado en Sevilla, si hubieran dicho picha, esto sería en Cádiz. ¿Van comprendiendo el léxico antropológico andaluz? ¡Pecadores de la pradera!
Yo contesté: “Desde hace cuatro días”. Risitas y el gracioso de turno que se lanza a vociferar: ¡Pero si eso no es na! ¡Pero es que yo voy muy en serio! Le contesto muy firmemente. ¡Quiero ser fumador de finde! Mas risas, ji, ji, ja, ja. ¡Ya lo veréis!
Al ratito ya estábamos sentaitos en un buen velador rodeado de nuestras tapitas y las típicas crucesdelcampo. Y comenzó la hora del humo. Miro a un lado, miro a otro y como casi de incógnito saco un cigarrito del bolsillo de mi camisa.
Por cierto, como cambian los significado de las palabras cuando las describimos en diminutivo. ¿No me digan ustedes que puede hacer el mismo daño un cigarrito que un cigarro?. Un tintito que un tinto, una cervecita que una cerveza. Siempre que vamos de diminutos pretendemos convercer o convencernos. Vamos que si a ti te dicen que a ver si le prestas un dinerito hasta oyes, ahora como te lo digan con todas las letras sales corriendo. Y así vas cayendo en la limosnita, el helaito, el eurito y hasta te atreves a insinuar lo del polvito. Aunque si lo consigues dirás un polvazo. Lo ven. ¡Ven como nos engañan y seducen los diminutivos ¡
En fin, que comencé con un cigarrito que me supo a gloria. Y yo me dije pues tampoco es para tanto, que yo controlo, así que al rato me fumé el otro que tenía preparado para esa noche. Ya con las copitas (lo ven, lo ven) se me antojo otro, pero como no lo tenía planificado lo tuve que pedir. Un día es un día y ya hacía cuatro que no fumaba.
No había estado tan mal, un sábado solo tres cigarritos, cuando antes fumaba treinta tres cigarros. ¿Ven la diferencia entre cigarrito y cigarro? El primero es divertido, inusual y hasta simpático, el otro sobrio, rotundo, saborío y hasta pelmazo.
De esta manera aguanté unos tres fines de semanas. Al cuarto ya fumé el viernes y el domingo también. Bueno tampoco era tanto, 10 o 11 cigarritos a las semanas comparados con los 210 anteriores no estaba mal.
Mientras tanto en las primeras semanas de mi abandono del humo, saciaba mi ansiedad con cientos de asaltos al frigorífico. Combinaba la horchata con las anchoas, el gazpacho con las magdalenas, las galletas con el chorizo. Y así me puse. ¡Redondo como un globo! En un pispas de días cayeron sobre mi cuerpo 8 kilos, que no kilitos. Pero no importaba lo primero, era lo primero. Dejar de fumar. Bueno, por lo menos durante la semanita.
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sábado, 1 de octubre de 2011
los muertos mas entretenidos
Las gentes de Cádiz suelen decir que los gaditanos nacen donde les da la gana. Efectivamente, yo conozco muchos gaditanos que han nacido a cientos de kilómetros de la tacita de plata. Yo, mismo, cada vez me siento más gaditano, aunque nací a 200 km de distancia. Por cierto, eso no quiere decir que vaya dejando de ser loreño. No es un traspase de sentimientos. Sino una suma más en mi vida. Sumar, siempre sumar, que es positivo.
En fin, a lo que iba. Que el gaditano nace donde quiere, pero una cosa que no puede hacer. ¡Paradojas de la vida!. Es ser enterrado en su ciudad. En Cádiz no hay cementerio. Por lo menos en funcionamiento. Hace ya casi 20 años que se cerró. Y ahora los gaditanos lo más cercano que pueden ser enterrados es en el cementerio mancomunado de Chiclana o en el de Puerto Real. Hombre, si te quieres quedar más cerca, mejor incinérate y que echen tus restos a La Caleta.
Como decía, el antiguo cementerio mide más o menos como dos campo de futbol, y esta justito al lado de la playa. Y si no fuera porque los que están allí están más seco que la mojama, se les podría decir: “Picha, en que sitio más bueno vive”. Por cierto el cementerio se llama de San José.
En el local que actualmente está situado el cementerio, tienen proyectado un parque con varias fuentes, una extensión verde que dará más alegría a los vecinos que tienen pisos en los alrededores. Pero para que esto ocurra, deben desalojar todas las tumbas, y eso no es un trámite sencillo. Deben encontrar a los familiares de los enterrados, que estos den su autorización, que expresen sus deseo a donde quieren que trasladen los restos, y unos cuantos trámite más. Así que muerto a muerto, te puedes llevar una jarta de años para despejar aquellos. Como verán en la siguiente foto, poco a poco los nichos se van quedando libres.
Pues ya que todo el campo santo se va quedar despejaito, no se le ocurre otra cosa al ayuntamiento de Cádiz, que ponerles al laito una pantalla electrónica, que además de atractivos anuncios, los deleitan con unos videos promocionales fabulosos de la ciudad. Y me digo yo. ¿Quién se va querer mover de un sitio así, al ladito de la playa, recibiendo la brisa marinera y encima con televisión?
En esta siguiente foto vemos la dichosa pantallita peguita a la tapia del cementerio. Por cierto, el ayuntamiento de Cádiz insiste desde ella, que la instalación de este visor nos les cuesta un duro. ¡Faltaría más! Si encima, le está haciendo propaganda a la Coca Cola, al Corte Ingles, etc.
Y para terminar, y seguir insistiendo en lo peculiar que es esta ciudad, os presento esta última foto. Nos representa la puerta principal del cementerio, y a un nota de aquí, no se le ocurre otra cosa que declarar su amor pintando un enorme corazón en la misma puerta de dicho local tan fúnebre. Vamos, a mi me hacen algo así, y yo me acuerdo de todos sus muertos. ¡Ay con perdón!
En fin, a lo que iba. Que el gaditano nace donde quiere, pero una cosa que no puede hacer. ¡Paradojas de la vida!. Es ser enterrado en su ciudad. En Cádiz no hay cementerio. Por lo menos en funcionamiento. Hace ya casi 20 años que se cerró. Y ahora los gaditanos lo más cercano que pueden ser enterrados es en el cementerio mancomunado de Chiclana o en el de Puerto Real. Hombre, si te quieres quedar más cerca, mejor incinérate y que echen tus restos a La Caleta.
Como decía, el antiguo cementerio mide más o menos como dos campo de futbol, y esta justito al lado de la playa. Y si no fuera porque los que están allí están más seco que la mojama, se les podría decir: “Picha, en que sitio más bueno vive”. Por cierto el cementerio se llama de San José.
En el local que actualmente está situado el cementerio, tienen proyectado un parque con varias fuentes, una extensión verde que dará más alegría a los vecinos que tienen pisos en los alrededores. Pero para que esto ocurra, deben desalojar todas las tumbas, y eso no es un trámite sencillo. Deben encontrar a los familiares de los enterrados, que estos den su autorización, que expresen sus deseo a donde quieren que trasladen los restos, y unos cuantos trámite más. Así que muerto a muerto, te puedes llevar una jarta de años para despejar aquellos. Como verán en la siguiente foto, poco a poco los nichos se van quedando libres.
Pues ya que todo el campo santo se va quedar despejaito, no se le ocurre otra cosa al ayuntamiento de Cádiz, que ponerles al laito una pantalla electrónica, que además de atractivos anuncios, los deleitan con unos videos promocionales fabulosos de la ciudad. Y me digo yo. ¿Quién se va querer mover de un sitio así, al ladito de la playa, recibiendo la brisa marinera y encima con televisión?
En esta siguiente foto vemos la dichosa pantallita peguita a la tapia del cementerio. Por cierto, el ayuntamiento de Cádiz insiste desde ella, que la instalación de este visor nos les cuesta un duro. ¡Faltaría más! Si encima, le está haciendo propaganda a la Coca Cola, al Corte Ingles, etc.
Y para terminar, y seguir insistiendo en lo peculiar que es esta ciudad, os presento esta última foto. Nos representa la puerta principal del cementerio, y a un nota de aquí, no se le ocurre otra cosa que declarar su amor pintando un enorme corazón en la misma puerta de dicho local tan fúnebre. Vamos, a mi me hacen algo así, y yo me acuerdo de todos sus muertos. ¡Ay con perdón!
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