bienvenidos

Bienvenidos aquellos que saben valorar una sonrisa. Bienvenido los que saben sobrellevar con humor los problemas. Los que saludan por la calle. Los que saben disfrutar de un rato de charla.
Bienvenido los que saben dialogar y respetar al contrario. Bienvenidos los que defienden sus pensamiento, sus deseos y sus locuras siendo tolerantes.
Bienvenidos los que saben reirse de si mismo y los que saben encontrar algo positivo en un mal momento. Los que disfrutan del mar y de la cervecita, de la compañía de los amigos y de la libertad de ser cada uno diferente pero iguales.
Bienvenido al fín, todo aquel que sepa aprovechar el don de la vida.
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lunes, 14 de noviembre de 2011

Paseos edificantes

El pasado sábado realicé una visita turística al cementerio de Sevilla, cosa poco usual, pero recomendable por lo interesante que es el lugar. Estas visitas las convoca un grupo dedicado al turismo por Sevilla capital. Hace dos sábado hice la ruta de la Sevilla del teatro del siglo de oro.


Para realizar la visita guiada, en principio, debes contactar con esta dirección http://www.engranajesculturales.com/web/paseosculturales/

Así reserva la excursión. Por teléfono o mediante correo electrónico. Tras esto te convocan normalmente el sábado por la mañana en un lugar concreto de Sevilla, donde te espera un guía que es el te mostrará la ruta a seguir.

Este sábado fue un poco difícil distinguir cuales eran el grupo que iban a realizar la ruta turística y cuales los deudos de un entierro inmediato. Yo me planté sobre las doce menos cuartos en la puerta del campo santo, mire a un lado y a otro, observe cual de los grupos estaba más triste o más alegre. Pero en ello no encontré diferencia. Lo único que me dedujo cual era el grupo de turista, fue la cantidad de cámaras de fotos que llevaban colgadas esas personas. Por lo que pensé o que últimamente a los humanos nos importa tres pitos las defunciones de otro, o que sabemos disimular muy bien nuestro sentimiento.

En fin, que encontrado el grupo y con él, nuestro guía, nos decidimos a emprender la lúgubre marcha. Antes de nada, el guía nos entregó a algunos de nosotros unos misteriosos sobres negros, dentro de los cuales se encontraba unos de los personajes cuya tumba iríamos a visitar. A mí por cierto, me tocó, Paquirri.

La primera dirección que tomamos fue hacia el cementerio de los que no son católicos. Allí también se encuentran los niños no bautizados, los ateos, que aunque no crean en el cielo en algún lugar tendrán que reposar, y también estaban los excluidos de toda gloria, los malditos por excelencias: Los suicidas. Siempre tendré la duda de estos si son unos grandes valientes o unos terribles cobardes. De todas maneras los pobrecitos, que encima se suponen tuvieron una vida perra, encima también le joden la muerte. A que no adivinan quien? Pues eso. Amén


Al lado de este rebaño tan heterogéneo se encontraba el cementerio de los judíos. No pudimos entrar, pero se vislumbraba las pequeñas piedrecitas que suelen ponerlas sobre sus tumbas. ¿Ustedes saben que cuando se entierra a un judío, todos los que asisten a su funeral deben de echar sobre el ataúd un puñado de tierra con una pala? Y lo más curioso de eso, es que antes de pasarse la pala de uno a otro, esta la deben depositar clavada un rato sobre la tierra, si se pasan la pala de uno a otro inmediatamente por lo visto le dará mala suerte. Supongo que la mala suerte no será repartida también para el muerto, pues el pobre ya bastante tiene con ser ese día el protagonista.

Ahora que lo pienso. Por muy insignificante que sea alguien, siempre en su vida tiene un momento de atención, o más bien dos. El de nacer y el de enterrarte. ¡Menudo afán de protagonismo!

Bueno tras esto recorrimos otras partes del cementerio. Vimos panteones interesante, panteones lúgubre, casi derruidos. Panteones enormes y pomposos y otros olvidados. Por ver vimos hasta panteones casi discotequeros. Hasta en la muerte algunos se pretenden señalar.

Os podría contar mucho más, porque el cementerio de Sevilla tiene leyenda y largo abolengo, pero mejor visitarlo ustedes. Las cosas en vivo son mejores. ¡Je,je!. ¿Cogen la ironía?.

Por cierto, hacerlo como lo hace una amiga mía, lo visita cuando está más deprimida. ¿Para qué? ¿Para irse acostumbrando? No, hombre, no, Lo hace para recordarse lo corta que es la vida, y los sofocones a veces tan tonto que nos llevamos. Mi amiga dice que tras su vuelta del cementerio, ella sale de allí como nueva. Pensando que solo se vive una vez, y no va dejar que una u otro tontería, la prive de ese derecho tan bonito que es tener una buena vida.

sábado, 1 de octubre de 2011

los muertos mas entretenidos

Las gentes de Cádiz suelen decir que los gaditanos nacen donde les da la gana. Efectivamente, yo conozco muchos gaditanos que han nacido a cientos de kilómetros de la tacita de plata. Yo, mismo, cada vez me siento más gaditano, aunque nací a 200 km de distancia. Por cierto, eso no quiere decir que vaya dejando de ser loreño. No es un traspase de sentimientos. Sino una suma más en mi vida. Sumar, siempre sumar, que es positivo.


En fin, a lo que iba. Que el gaditano nace donde quiere, pero una cosa que no puede hacer. ¡Paradojas de la vida!. Es ser enterrado en su ciudad. En Cádiz no hay cementerio. Por lo menos en funcionamiento. Hace ya casi 20 años que se cerró. Y ahora los gaditanos lo más cercano que pueden ser enterrados es en el cementerio mancomunado de Chiclana o en el de Puerto Real. Hombre, si te quieres quedar más cerca, mejor incinérate y que echen tus restos a La Caleta.

Como decía, el antiguo cementerio mide más o menos como dos campo de futbol, y esta justito al lado de la playa. Y si no fuera porque los que están allí están más seco que la mojama, se les podría decir: “Picha, en que sitio más bueno vive”. Por cierto el cementerio se llama de San José.

En el local que actualmente está situado el cementerio, tienen proyectado un parque con varias fuentes, una extensión verde que dará más alegría a los vecinos que tienen pisos en los alrededores. Pero para que esto ocurra, deben desalojar todas las tumbas, y eso no es un trámite sencillo. Deben encontrar a los familiares de los enterrados, que estos den su autorización, que expresen sus deseo a donde quieren que trasladen los restos, y unos cuantos trámite más. Así que muerto a muerto, te puedes llevar una jarta de años para despejar aquellos. Como verán en la siguiente foto, poco a poco los nichos se van quedando libres.



Pues ya que todo el campo santo se va quedar despejaito, no se le ocurre otra cosa al ayuntamiento de Cádiz, que ponerles al laito una pantalla electrónica, que además de atractivos anuncios, los deleitan con unos videos promocionales fabulosos de la ciudad. Y me digo yo. ¿Quién se va querer mover de un sitio así, al ladito de la playa, recibiendo la brisa marinera y encima con televisión?

En esta siguiente foto vemos la dichosa pantallita peguita a la tapia del cementerio. Por cierto, el ayuntamiento de Cádiz insiste desde ella, que la instalación de este visor nos les cuesta un duro. ¡Faltaría más! Si encima, le está haciendo propaganda a la Coca Cola, al Corte Ingles, etc.



Y para terminar, y seguir insistiendo en lo peculiar que es esta ciudad, os presento esta última foto. Nos representa la puerta principal del cementerio, y a un nota de aquí, no se le ocurre otra cosa que declarar su amor pintando un enorme corazón en la misma puerta de dicho local tan fúnebre. Vamos, a mi me hacen algo así, y yo me acuerdo de todos sus muertos. ¡Ay con perdón!


domingo, 12 de diciembre de 2010

gatos en el cementerio


Hoy era domingo, y a veces estos días mis padres y yo vamos a desayunar algún bar. que no este demasiado lejos. Hoy les propuse ir a la cercana población de Peñaflor, hace pocos días Lora y sus campos se ha vuelto a inundar por el Guadalquivir, y queríamos observa los efectos de esta riadas por los campos próximos. Además en Peñaflor venden unos churro dignos de probar.
Tras regresar de este pueblo, después del desayuno,  en el camino de vuelta pasamos por delante del cementerio de mi pueblo. Por cierto, una de las costumbres más acusadas que tiene mi padre es de leerse detalladamente todas las mortuorias de los periódicos que logra encontrar. Y se por oída, que no es el único o única que posee esa costumbre.
Pues bien, continuando con el relato, paramos en la puerta del campo santo y aprovechando que llevaba la cámara de video en el coche decidí usarla para hacer un reportaje sobre el lugar.
El cementerio de mi pueblo es inmensamente de blanco, limpio, aseado y hasta se podría decir que casi monumental. Si te fijas bien allí puedes encontrar tumbas sumamente antiguas y curiosas. No hay tumba en verticales, hace unos años que la destruyeron. Hay un panteón para los fallecidos nacionales de la guerra civil, y otro también para los republicanos. Como vemos la muerte sigue siendo como siempre el ente más democrático que existe. De un bando u otro ambos bajo tierra.
En fin y aunque parezca extraño dentro de un cementerio también existe la vida. Y la placidez de sentir. Si no que se lo pregunte a estos atrevidos gatos que se relamían al calorcito del sol mañanero, placidamente asentado sobre una tumba.

Enlace al poema: "Que bonito es un entierro" . Con anécdota de Paco Gandía

Dibuja con perspectiva

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