bienvenidos

Bienvenidos aquellos que saben valorar una sonrisa. Bienvenido los que saben sobrellevar con humor los problemas. Los que saludan por la calle. Los que saben disfrutar de un rato de charla.
Bienvenido los que saben dialogar y respetar al contrario. Bienvenidos los que defienden sus pensamiento, sus deseos y sus locuras siendo tolerantes.
Bienvenidos los que saben reirse de si mismo y los que saben encontrar algo positivo en un mal momento. Los que disfrutan del mar y de la cervecita, de la compañía de los amigos y de la libertad de ser cada uno diferente pero iguales.
Bienvenido al fín, todo aquel que sepa aprovechar el don de la vida.
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jueves, 2 de julio de 2009

Ponte calzoncillos nuevos


Mi amigo Luis era un tipo especialmente peculiar, el seguía creyendo que la fe mueve montañas. Durante un tiempo vivió un relación amorosa que lo marco el resto de su vida. Aunque al principio de esta relación todo fue perfecto, con el paso de los años, Lara, su novia se fue volviendo un ser déspota y carente de principios, pero mi amigo se resistía a abandonar ese amor. Ella una y otra vez procuraba hacerle todo el daño posible para que la dejara, pero el persistía en su fe, pensaba, que en el fondo aún Lara estaba enamorada de él. Se encontraba tan cierto y tan ciego en esta afirmación que busco uno y mil trucos para recuperar su amor, tanto que un día recurrió a un gurú, de estos que se anuncia en las revistas mas casposas. La respuesta de este nuevo brujo lejos de todo no estaba ausente de poco lógica, en principio le decía en sus cartas que sobretodo confiara en él, y que siendo así recuperaría el amor de Lara. También le añadía otro recomendación no tan cercana al sentido común .Le envió con la carta un sobrecito lleno de algo parecido a harina que todas las noches debía de guardar debajo de las sábanas después de recital una extraña oración. Juraba y perjuraba que esto haría conseguir el fin de mi amigo.
Como con el paso del tiempo estos estrafalarios intentos no daban sus frutos. El no desistió en su fe y en su empeño, y no se le ocurrió mejor cosa que comprarse el nuevo libro del adivino Rapel, que decía contener todos los sortilegios posibles para conseguir cualquier objetivo.
Pues siguiendo este manual continuó practicando su novata brujería. El libro además de dar varios consejo para conseguir el amor deseado, también poseía rituales para poder encontrar cualquier cosa que se hubiera perdido, mejorar con el reuma, conseguir que tu perro ladre menos y no se cuantas cosas mal.
En este tiempo también mi amigo, por problema con su dentadura aparecía con un enorme flemón en la boca. Y no se le ocurrió mejor cosa que recurrir al susodicho libro. Exactamente en uno de sus apartados sugería que hacer para evitar malas de dientes. Una oración a santa Rita, cuatro cabezazos contra la pared y problema solucionado.
Así se llevo durante un par de semana, y no solo el flemón disminuía además este se acrecentaba y engordaba con una enorme facilidad. Más añadido de que la cabeza de mi amigo parecía un bollo de tantos golpetazos que se tenía que dar contra la pared. A tal tamaño llegó el flemón que estuvo a punto de ahogarlo. Ya llevado por la lógica más que por la magia decidió ir al ambulatorio para que lo viera un médico. Al aparecer ante con tamaño bulto inmediatamente el doctor le recetó una serie de inyecciones para que se las aplicara lo mas presto posible.
Y aquí vemos a mi amigo comprado la recetada medicina y dispuesto a ir al practicante para que se las pusiera. Antes de hacer esto decidió pasarse por su casa y tomarse una buena ducha, pues era verano y entre el susto del flemón y la despiadada temperatura aparecía totalmente empapado de sudor.
Una vez dentro del baño se acordó que allí no tenía calzoncillo, por lo que llamó a su madre para que les llevara unos nuevos. Luis abrió un poco la puerta del baño y su madre por esa pequeña rendija le dio los nuevos calzoncillos.
Ya listo, limpio y vestido se dirigió raudo al antes citado ambulatorio. Cuando llego a este lugar le atendió un amable practicante. Le insinuó que pasara a su consulta para que le fuera puesta la milagrosa inyección. Así lo hizo mi amigo. El amable practicante continuó dispensándole una relajada conversación a mi amigo. De pronto le dijo que se bajara los pantalones, y fue hacer esto mi amigo e inmediatamente el practicante cambiar de carácter. Se volvió un ser mudo, seco y casi desagradable. Le extraño esto a Luis pero no le dio demasiada importancia.
Después de aplicada la inyección se marchó a descansar a su casa, ya era tarde y se disponía a acostarse. La inyección le había provocado demasiado sueño.
Volvió a entrar en el cuarto de baño para ponerse el pijama. Cuando en el espejo de este vio algo que le impacto bastante. Se había visto el mismo en el espejo, con sus nuevos calzoncillos. Pero cuál sería su sorpresa cuando descubrió que este calzoncillo se encontraba repleto de enormes agujeros. Tanto por delante como por atrás, aquello no erran unos gallumbos sino un colador. Diez o quince agujeros aparecían bien marcados en el susodicho tejido.
De repente llamo a su madre para que le diera explicaciones sobre los calzoncillos que le había aportado. La mujer se quedo tan extrañada como su hijo de que esta prenda estuviera en un estado tan deficiente como aparecía. Ambos no encontraban explicación a lo sucedido. De pronto descubrieron un nuevo reluciente y entero calzoncillo en lo alto de una silla próxima al baño. Por lo tanto estos eran los que se debía haberse puesto. ¿Pero de donde había aparecido el impresentable slip?
De repente, madre e hijo, descubrieron el motivo de esta incidencia. Al lado de la silla donde estaban los inmaculados calzoncillos, se encontraba una larga caña que su madre utilizaba junto a un trapo en el extremo, para quitar el polvo y las telarañas del techo. Mi amigo, en vez de ponerse, los calzoncillos nuevos, se había puesto el trapo viejo del polvo que usaba su madre para limpiar.
A la madre lo único que se le ocurrió decir es que menos mal que el practicante, al ser un sustituto, no era del pueblo, porque sino este año su hijo saldría en las letras del carnaval.

domingo, 28 de junio de 2009

las vacaciones


Se puede considerar a las vacaciones como aquel tiempo que añoramos durante todo el año. Hacemos montones de proyectos y todo aquello que no tenemos tiempo decimos que lo haremos en este tiempo.¡Pero ay cuando llegan!. De pronto sientes un enorme vacío en el cuerpo, la ansiedad te desborda, y quiere hacer tantas cosas de repente que de pronto lo único que se te ocurre es pensar : “A ver por donde empiezo”.Por lo pronto la hora de levantarte no la tienes muy clara. Por lo menos a mi, acostumbrado a madrugar durante el resto del año se me hace muy difícil cambiar el ritmo biológico de mi cuerpo. Y ya me veo levantado a las siete de la mañana preguntándome que hacer, y a esa hora se puede hacer bien poco. Las tiendas aparecen cerradas, por lo tanto de compras no se te ocurra ir. Aún faltan 3 horas para que abran. Los banco abren un poco antes, pero por lo menos hasta las 8 y media no hay nada que hacer.En fin , lo único que se me ocurre es coger la bicicleta y darme un paseo, con el riesgo claro de que te consideren un loco por ir tan temprano de aquí a allá dando bandazos sobre las dos ruedas.Cuando vuelvo , un buen desayuno y a leer algo la prensa.Después la indecisión :¿Voy de compras?. ¡Con el calor que hace!. Además ya estoy algo cansado de la bici. ¿arreglo el cuarto de los trastos? Pero si se puede uno morir de calor allí. En fin te enganchas un rato al ordenador a ver si este dichoso aparato te resuelve todos tus vacíos existenciales. ¿Je, je iluso uno!Sin darte cuenta es la hora de comer, y te planteas: ¿En casa o llamo a alguien y me tomo unas cervezas?. Resulta que después de varias llamadas no hay nadie dispuesto a sacrificarse con la cruzcampo.Tendré que comer en casa. ¿Pero que me hago?. ¡Quien se mete en la cocina con este calor. Al final dos latas de cervezas, una lata de atún, otra de alcaparra y un helado sin azúcar. ¡Vaya mierda de comida!Luego la siesta mientras vez la tele, una, dos y hasta tres horas me he pegado yo algún que otro día. Y cuando terminas todo sudadito como un pollo.En fin, ahora tendría que venir lo bueno. Ya han bajado las temperaturas. A ver si se anima alguien a salir. Vamos con los nuevos intentos de llamadas. Y hay días que salen bien y otras que te quedas viendo toda la basura que echan por la tele, además hasta las tantas porque con el pedazo de siesta que te has echado no hay quien pegue ojo.Vamos que como no lo tengas claro las vacaciones pueden ser un aburrimiento. Y además los demás dirán . ¡Que vidorra te pegas, tio!.

buena gente


Es corriente en los ambientes que nos movemos que se califique a alguien como buena gente. ¿Qué es una buena gente? En principio podría parecer un ser excesional, repleto de virtudes y digno de entrar en el santoral. Pero no nos engañemos. Seamos sincero:” ¿Cuándo decimos que una persona es buena gente?”.
Normalmente decimos que alguien es buena gente o porque no podemos decir nada de esta persona o porque ya ha hecho algo malo, y pretendemos justificarla. O sea que ya empezamos a vislumbrar que ser buena gente no es tan positivo.
Si no pueden decir nada de ti eso significa que eres un ser aburrido, sin personalidad, falto de recursos y de carácter, en fin ni chicha ni limoná, un ser destemplado, soso, falto de ingenio. Yo tenía una amiga que antes de conocerla me habían hablado muy bien de ella. Era una compañera de trabajo y yo pretendía acercarme a ella. Un día me la encontré en el pasillo del centro, y yo me dije esta es la oportunidad para conocerla. Me dirigí a ella y le entre con estas palabras: “¿Tu eres Chelo? Es que me han hablado mucho de ti”. Ella que precisamente no era modesta cayo de pronto en la trampa, se le iluminaron los ojos y me dijo:”Si yo soy Chelo .¿Pero que te han dicho de mí? “Yo inmediatamente creyendo que lo que iba a decir me abriría las puertas de su amistad, le dije: “Me han dicho que eres muy buena gente”. Ella frunció el seño y me contesto: “Eso solo tan dicho, si eso se lo dicen al más tonto “. “Por favor mientras solo piense eso de mi no me vuelvas a hablar”.
Evidentemente me quede desconcertado. Con el paso del tiempo fue una de mis mejores amigas y comprendí como a un ser excepcional como ella no se podría llamar solamente buena gente. Evidentemente era una ofensa.
También se emplea la buena gente cuando una persona ha hecho un “jangá”, vamos algo no muy positivos y la intentamos justificar. Por lo tanto si este fuera tú caso, ten presente que ya vienes de un lio gordo.
Otra forma de utilizar el buena gente, la podríamos calificar como la maquiavélica. A mí me suele ocurrir con los alumnos, cuando no quieren que le ponga un examen o quieren que le subas una nota. Me suelen decir: “Con lo buena gente que eres tu como vas hacer tal y cual”. En fin, que ya te están chantajeando.
Como habrás notado, querido lector, eso de que te llamen buena gente, es de lo peorcito que te puede ocurrir. Así que es mejor quizás que te llamen perro judío, por lo menos el que te lo dice te dota de personalidad, mala pero personalidad, al fin y al cabo, además tendrás clarito, clarito que con esa expresión seguramente no querrá aprovecharse de ti.

razones extrañas para llegar tarde al trabajo


A veces cuando se llega tarde al trabajo se tiene uno que inventar alguna excusa cuando, a veces, lo único que ha ocurrido es que se te han pegado las sábanas. Y piensas cuando vas para el centro que motivo le voy a dar a la jefa de estudio para que me crea. Pero a veces la propia realidad supera a la imaginación, y es precisamente lo que me ha ocurrido a mi hoy.
Cuando ya me disponía a montarme en mi coche para irme hacia mi centro oigo desde lo más profundo del portal de mi casa decir a mi padre: “El gato, el gato”.
No comprendo lo que dice mi padre. ¿De qué gato me habla si nosotros lo que tenemos son dos perros? Y él insiste: “El gato, ten cuidado con el gato”. Por fin, cuando se acerca me cuenta lo que ha ocurrido.
Un pequeño gato de pelo anaranjado se ha metido en el motor de mi coche. ¿Vaya sorpresa ?. ¿Y ahora qué hacemos?
A mí lo primero que se me ocurre es ponerme a tocar la bocita del automóvil como si fuera un loco. El gato no sale pero si los vecinos. Ya somos varios dando consejo sobre qué hacer.
En principio abro el capo de coche y efectivamente allí está el gato. Acobardado, semiescondido. A mi cuñado, el más decidido de todo lo primero que se le ocurre es coger el recogedor y darle con el palo de este. El gato una y otra vez , miau y miau, pero no sale, no sabe cómo salir.
Unos albañiles que están enfrente y que siempre tienen tiempo para dar consejo, recomienda que le echemos agua. Pues bien, allí vamos echando agua ,como desposeídos ,por todo el motor. Tampoco sale, además temo por el motor.
Mi padre me recomienda que lleve el coche a un taller y yo digo que como voy a hacerlo. Tendría que arrancar el coche y lo mismo el gato se queda electrocutado.
Más tarde un vecino aparece con un largo palo, el cual recomienda que todos debemos llevar uno así en el coche ¿Para qué? .¿Tantos gatos se meten en los motores? Bueno pues con ese maravilloso instrumento por fin logramos que el gato salga del motor. Cuando me doy cuenta han pasado ya 45 minuto desde que pretendía partir. ¿Se creerá la jefa de estudio la razón de mi tardanza? Creo que mejor le diré que me he quedado dormido.

Dibuja con perspectiva

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