bienvenidos

Bienvenidos aquellos que saben valorar una sonrisa. Bienvenido los que saben sobrellevar con humor los problemas. Los que saludan por la calle. Los que saben disfrutar de un rato de charla.
Bienvenido los que saben dialogar y respetar al contrario. Bienvenidos los que defienden sus pensamiento, sus deseos y sus locuras siendo tolerantes.
Bienvenidos los que saben reirse de si mismo y los que saben encontrar algo positivo en un mal momento. Los que disfrutan del mar y de la cervecita, de la compañía de los amigos y de la libertad de ser cada uno diferente pero iguales.
Bienvenido al fín, todo aquel que sepa aprovechar el don de la vida.
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domingo, 12 de octubre de 2014

El mollete

Tras una tormentosa noche de agua y truenos sobre Sevilla y al estar esta mañana el aire tan limpio y el sol reflejado en los charcos, decidí ir a desayunar a algún bar. Por culpa de la crisis, hace ya varias semanas que no lo he podido hacer.  ¡Hay que ir ahorrando ¡ ¡Que después nos dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades ¡
Cerca de mi casa de Sevilla cuento con bastantes bares, pero son tres de ellos lo que  suelo escoger para  tomar el primer alimento del día. Esta vez me decidí por el que se encuentra enfrente del antiguo ambulatorio de María Auxiliadora.


                                   
Ya cuando llegué un solitario camarero se desgañitaba contando a unos de sus clientes, con el cual debía tener bastante confianza, su azarosa vida sexual , cosa que a los demás clientes nos importaba un pimiento  pero que nos tuvimos que enterar sin remedio de lo que gritaba el chaval.
Tras dejar su efusiva información se dirigió a mí solicitándome que le informara que deseaba tomar. Le indique que un café descafeinado y un mollete con mantequilla. ¿De máquina o de sobre?. Me interrogó. ¡De máquina, de máquina y el mollete tostaito, por favor!. Así le respondí.
Tras situarme  en una de las mesas y sentado justamente frente a la enorme cristalera del local para vislumbrar que veía en la avenida ví que en ese preciso momento un coche de la policía municipal se cruzó en esta y corto la calle hacía una dirección.
Mientras miraba este suceso me vi sorprendido de un conocido ruido que provenía de la cocina del bar, aquel que te señala que se ha quemado el pan en el tostador y se produce al intentar quitarle a este la zona dañada con un cuchillo.
Tras esto el activo camarero volvió a la barra , justamente delante de una enorme estampa del Cristo de lo gitano, tras mirar hacia la calle y ver lo que había ocurrido, comenzó a dialogar con su conocido cliente de esta manera:
-Otra vez nos van corta la calle. ¿Será posible?. Cuando no es un marathón, es una carrera ciclista y si no una manifestación contra el racismo. Todo el domingo nos fastidian igual.
Curiosa lista de elencos que  interrumpen la anodina vida de esa avenida un domingo. Perfectamente enumerados pero con escaso rigor. Se le olvidó nombrar la mayor de las acciones, de las causas porque en Sevilla se cortan las calles continuamente. ¡Las procesiones!. Si, porque para el que no sepa aparte en la semana santa, y que conste que a mi me gustan,  donde las procesiones pueden ocupar 14 horas de la 24 de un día, el resto del año  en Sevilla hay procesiones casi todos los fines de semana del año  que cortan continuamente la circulación del trafico, impiden ir a los cuidados a sus casas o trabajo y dejan el asfalto cubiertos de pétalos de flores o de cera.
Tras este poco riguroso comentario del camarero se acercó a mí para servirme el ansiado mollete y no se porque salí de allí un poquillo chamuscado.


viernes, 3 de julio de 2009

¡Ay que fatiguita!


Desde que estoy en Cádiz, no sé lo que me ocurre, pero todas las noches antes de cenar tengo unas fatiguitas. Es verdad, que la vida del veraneante es muy desordenada. Todo el día en la calle.
Comienzas desayunando en la calle. Por cierto aquí al lado de mi casa tengo dos opciones estupenda. Una, la churrería que tengo enfrente de mi portal y otro el bar de la plaza.
En la churrería hacen dos tipos de churros, o de jeringo, como se dice en mi pueblo. Uno finito y muy doradito, que a mí personalmente me parece una cursilada y otros, eso sí que vale, estilo porra madrileña. Con una masa y un grosos abundante. Si quieres también te sirven un buen tazón de chocolate .Los dueños parecen ser madrileño, digo esto por el acento que poseen y siempre tienen el local muy pulcro.
Otra de las opciones cercanas, es bar que tengo en la plaza donde vivo. En primer lugar lo más agradable es el fresquito tan bueno que recibes mientras te encuentras sentados en los veladores de la plaza. El local se llama el Capirulo y te ponen un molletito con aceite, tomate y jamón que es para quitarte el sentio. Además con las ganitas con que cojo yo la primera comida del día. Por cierto, el bar parece una sucursal de Sudamérica, los camareros y camareras, casi todos muy amables, son de origen sudamericano. Y cuando ya has terminado de tomar el café, solo se te ocurre decir, recordando aquellos famosos anuncios de Supersol: ¡Ole que precios!
El resto del día se pasa en la playa, hamacas van y hamacas vienes. Le compras al tío de las cervezas que va por la playa un par de ellas. Después las tapitas. Que si cazón en adobo, que si tortillita de camarones, que si choquitos, que si….Vamos que el tapeo en Cádiz es para no descansar. Y tan exquisito todo. ¡Y yo erre que erre con fatiguita!
Después de la siesta los cubatitas en el Flamenco. Un bar enfrente de mar. Quizás el mas alternativo de esta orilla.
Más tarde la cena, y vuelta a empezar. Que si tortillita de camarones, que si cazón….Y yo con fatiguita. ¿Cómo es posible con lo bueno que esta todo yo tenga esas nauseas?
Estoy muy extrañado del comportamiento de mi estómago. Aunque ahora que recuerdo. ¿No será lo que me da fatiga el turrón de coco que me tomo todos los días?
¡Turrón de coco! Si hijo sí. Aunque parezca extraño yo como en verano turrón. Bueno tampoco tanto. Una tabletita que tenía guardada desde el verano pasado, estaba de oferta en el día y se me antojó. Ahora que caigo. ¿No estará caducada la tableta?.
Efectivamente, caducada total. Desde el 16 de noviembre del 2008. ¡Que fatiguita hijo, que fatiguita cada vez que lo recuerdo!

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