
Durante las navidades uno se abandona al placer de digerir. Que si los turrones, los mantecados, los alfajores y todas esas cosas maravillosas que procuramos evitar el resto del año, por culpa de la gordura. Claro, uno coge sus costumbres, a lo bueno uno siempre se acostumbra, otra cosa es al pico y a la pala.
Te comes un turroncito y te dices, bueno ya perderé estos kilitos cuando pasen los reyes. Y pasan los reyes, y sigues dándote pequeñas treguas. Piensas:”Mañana solo verdura o piña natural”. Pero te sacias de verdura y como aún te quedan turrones de las navidades, termina tomando de postre el dichoso turroncito, que aún me queda de las pasadas fiestas. Y como está la cosa no es cuestión de tirarlo. ¡Y venga para dentro!
Mira yo antes de navidades había perdido 10 kilos. Fui a la endocrina y me dijo que como había perdido tanto en tan poco tiempo, que no siguiera adelgazando por ahora. El peor consejo que te pueden dar, y así estoy con 4 kilos de más y sin freno. El otro día me planteé que debía tomarte el problema en serio, que necesitaba tomar una decisión rotunda.
Si la tomé. Dejé de ir a la consulta de la endocrina, no vaya a ser que me ponga la cara colorada de vergüenza.
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