bienvenidos

Bienvenidos aquellos que saben valorar una sonrisa. Bienvenido los que saben sobrellevar con humor los problemas. Los que saludan por la calle. Los que saben disfrutar de un rato de charla.
Bienvenido los que saben dialogar y respetar al contrario. Bienvenidos los que defienden sus pensamiento, sus deseos y sus locuras siendo tolerantes.
Bienvenidos los que saben reirse de si mismo y los que saben encontrar algo positivo en un mal momento. Los que disfrutan del mar y de la cervecita, de la compañía de los amigos y de la libertad de ser cada uno diferente pero iguales.
Bienvenido al fín, todo aquel que sepa aprovechar el don de la vida.

sábado, 10 de julio de 2010

Pasión de la Mancha graba un videoclip en Cádiz


Tras años de ausencia, la gran actriz y niña prodigio de la canción española, Pasión de La Mancha vuelve a actuar. Concretamente en Cádiz, ante un público fervoroso y en los aledaños de la catedral, volvimos a comprobar como la gran estrella aún sigue conservando su tirón mediático.
Numerosos grupos admiradores se agolpaban cerca de la actriz, continuamente fue jaleada y perseguida por un enloquecido grupo de fans, que a punto estuvieron de llevar al traste la grabación de su nuevo videoclip.
Un exceso de protagonismo de las bailarinas, una cámara muy poco profesional y un director excesivamente histriónico casi llevaron al caos, el gran espectáculo que al final pudimos disfrutar.
Estupenda la actuación del gran coro de voces con el que se vio acompañada nuestra añorada actriz. Entre las chicas del coro destacó la voz recia y sensual de una gran cantante cubana, siempre aliñada por sus inseparables maracas.
Aunque vivimos momentos de desconcierto, mayormente provocado por la mánager argentina de la artista, que continuamente le exigía al director un mayor protagonismo de su representada. Al final pudimos comprobar cómo nuestra admirada actriz sigue conservando su personal estilo sensual, aliñado de su inseparable toque lengüetero con el chupa-chup que tanto juego le dio en décadas pasadas.
Perfecto el trabajo en equipo de la maquilladora, y de la carismática regidora, Carmeluchi.
En definitiva, nos alegramos enormemente del regreso de de nuestra ilustre manchega, que seguramente a partir de ahora nos hará pasar unos extraordinarios momentos de gloria y de lametones.

sábado, 3 de julio de 2010

el precio


En la vida, afortunadamente, todo no se puede tasar con billetes, ni de euros ni de dolores. Tampoco se puede pagar con tarjeta de crédito. Se aún dudas lee esta pequeña anécdota que ahora te voy a contar.
Mi padre, tiene un hermano, que además de ser un ser entrañable también es una persona ocurrente, este es mi tío Adriano. Además de las cualidades que he especificado también posee aquella que no le hace rendirse a las primeras de cambio.
Sería sobre los años 50, cuando mi tío se encontraba sin trabajo, sin saber que hacer y esperando una oportunidad. Como viendo que esta no le llegaba, le propuso a otro pariente mío ,mi tío Sebastián, este mucho mas mayor pero con mas caudales, que montaran entre dos los una granja de cochinos.
Una y otra vez le insistía a mi otro pariente en su propuesta. Y este último siempre le daba la callada por respuesta. Tanto insistió que mi tío Sebastián se vio obligado a contestarle, estaba ya cansado de que lo persiguiera, que le propusiera mismo, en el bar. como en el campo, en el almuerzo como en la cena.
Cansado de tanto requerimiento, se dirigió a él con voz rotunda de esta manera.
-¡Pero vamos a ver, hijo mió! ¿Pero tú tienes dinero para montar una granja?
- No. Le respondió el más joven. Y a continuación afirmó con todo el convencimiento del mundo. Pero tengo 20 años. ¡Y eso si que es un buen caudal!

jueves, 24 de junio de 2010

el arqueólogo ignorante



A veces la ignorancia puede ser un mal negocio. Yo siempre se lo digo a mis alumnos: ¡Estudiar, estudiar, que así vuestra defensa será mucho mal alta! Todo esto viene a una anécdota que me recordó el otro día mi amigo Manolo.

Manolo, además de ser un estupendo y prolífico pintor. También es un fenomenal escultor, aunque quizás porque la escultura requiere más tiempo, esta la practica menos.
Pues bien, hace años, cuando Manolo se encontraba en su Écija natal, tuvo una época en que le picó el gusanillo de trabajar la escultura. Y claro como a todo iniciado, los primeros resultados no suelen ser los mejores.
Y Manolo no iba ser menos. Modelaba y modelaba en barro decenas de obras, pero a él no le terminaba de convencer su resultado. Llevado por la desilusión y porque su madre no podía mantener mas obras de artes en su piso. Decidió tirar la desilucionante obra de su trabajo como escultor.
Escogió una de sus esculturas, aquella que ocupaba mayor espacio en su morada. Una figura con líneas toscas e hieráticas Fuera porque le diera pena que esta obra llegara al fondo de un contenedor de basura, y se mezclara con las cáscaras de tomate o de plátanos, o fuera porque ese fue el mejor lugar que encontró, la enterró en un descampado al lado de su casa.
Al cabo de los años, recorriendo su pueblo vislumbró en un cartel que dentro de pocos días habría una exposición de arte egipcio. Y lo más destacado de ella, según decía el cartel, era la presentación de la primera escultura de arte egipcio, encontrada sobre el campo astigitano.
¿Descubrimiento de arte egipcio en Écija? Eso habría que verlo.
Anotó el día de la inauguración, y decidió que en ese momento no podría faltar.
Llegado el momento se avió con sus mejores ropas y se presentó en la sala de exposiciones correspondiente. Allí todo era elegancia, exquisitos canapés que eran ofrecidos a los selectos invitados, entre ellos varios destacados arqueólogos aficionados. Recorrió la sala engalanada con numerosas obras antiguas, hasta llegar delante de una cortina que cubría la especial obra encontrada. En pocos momentos el principal orador tras una extensa exposición sobre la importancia del hallazgo descorrería la tupida cortina.
El susodicho orador habló, habló sobre la importancia de la obra descubierta, decía que era la primera obra de este tipo encontrada en tierras andaluzas. Elogió el buen acierto del arqueólogo que la encontró. Los espectadores andaban en ascuas por descubrir la hermosa escultura, cuando de pronto el importante personaje descorrió la citada cortina.
El público se entregó con un generoso aplauso ante la vista de la extraña obra, y solo uno de aquellos atónicos espectadores emitió una ligera y picarona sonrisa.
Fue mi amigo Manolo, que descubrió sobre el delicado pedestal, como la enigmática escultura, era aquella que él hacía años había enterrado sobre el campo de su tierra.

domingo, 13 de junio de 2010

el ligón de Jaén


En mi etapa de estudiante universitario en Sevilla, viví en numerosos pisos, casi me recorrí toda la ciudad. De la Puerta Osario a Triana, de la Alameda hasta la calle Arjona. Compartí estos con numerosos y variados compañeros. Ya el último año que me encontraba en esta situación repartía la vivienda con un chaval de Jaén, un simpático personaje y cuya mayor cualidad que poseía es la de ser un gran ligón. Chica que veía, chica que ligaba, al la cual solía “llevar al huerto”.
El piso en el que habitábamos era sumamente cutre. Era un ático, casi con los techos de Uralita, Poseía un comedor minúsculo en el que incluso habitaba una enorme lavadora, que a veces, por falta de espacio la utilizábamos de mesa para estudiar. También poseía esta humilde morada dos habitaciones, continua entre sí. O sea que para pasar a una de ella había que cruzar la otra. Cada uno de los habitantes teníamos una. Yo dormía en la interior.
Pero como mi amigo era tan ligón, y solía completar su caza con un buen final, más de una vez yo no podía entrar a mi cuarto. Menos mal, que este, mi cuarto, poseía una ventana que era vecina del salón, además tenía la suerte de no tener cristales.
Más de una vez estuve a punto de romperme la crisma por tener que entrar por esta ventana, y no interrumpir el plácido clímax de mi compañero.
El jienense no desaprovechaba ninguna oportunidad de favorecer su lívido. Un día decidió ir a Madrid a ver una exposición de arte, pues este al igual que yo también estudiaba en la facultad de Bellas Artes.
Pues bien, una vez en el tren consiguió conseguir una nueva conquista y como era tan impulsivo no se le ocurrió mejor cosa que introducirse en el aseo del tren con su nueva pareja , teniendo tan mala suerte que el revisor del tren los descubriera.
De pronto el cancerbero del medio de transporte aporreaba la puerta del servicio, reclamando que los que estuvieran dentro salieran inmediatamente. Mi amigo y su nueva amiguita tuvieron que vestirse a la velocidad del rayo, pues el revisor se encontraba cada vez mas enfadado.
Salieron los dos, disimulando como buenamente pudieron y abochornados por las inquisidoras miradas de los pasajeros.
Tras este incidente cada uno de los protagonistas volvieron a sus respectivo asientos, sin que el contacto entre ambos se volviera a producir ya jamás.
Mi amigo ya se encontraba en Madrid cuando sorpresivamente se cruzó en la Gran Vía con su padre. Este le preguntó que donde iba a quedarse a dormir la próxima noche. Como mi amigo no tenía una respuesta adecuada, ni muchos caudales para derrochar en hoteles, el padre que se había instalado en un respetable hotel madrileño, le propuso al hijo que compartiera con él la habitación del hotel, porque esta poseía dos camas. Mi amigo con la mala perspectiva de no saber donde iba a reposar, decidió aceptar la invitación.
La sorpresa del padre fue mayúscula, cuando ya llegada la hora de acostarse, el hijo comenzó a desnudarse, mostrando como vestimenta sobre sus caderas unas delicadas y sensuales braguitas de agujeritos. Una vez más se vuelve a demostrar que las prisas son malas consejeras. Pues mi amigo con la impaciencia del revisor del tren había intercambiado, sin darse cuenta, la ropa interior de la citada muchacha con la suya. Por cierto: ¿Cómo estaría en cayumbos la delicada presa ferroviaria?

jueves, 10 de junio de 2010

el remate del tomate


Por fin me encontraba en una habitación. Estas, como casi toda de la seguridad social, estaban conformadas por tres camas y sus respectivos sillones para los acompañantes de lo enfermo. En la situada junto a la puerta de entrada se situaba un señor de mediana edad, en la del medio otro mucho más anciano y en la que estaba justo al lado de la ventana, yo con mis veinte años.
He de decir que desde que me operaron en mi antebrazo izquierdo tenía colocada una férula de escayola para inmovilizar esto. Solo permanecía libre de movimiento la mano.
Lo primero que hicieron las enfermeras fue atar con una venda mi brazo a un extenso tubo que colgaba de la cama. Para mi recuperación era necesario que tuviera el brazo extendido y en vertical.
Parecía que todo transcurría hacia la normalidad. Claro que si por normalidad incluimos la incomodidad, el desespero y el sufriendo físico que sufre el enfermo.
Cada uno recibíamos nuestras medicinas correspondientes. El que peor se encontraba era el señor mayor. Solía quejarse asiduamente de sus dolencias. El pobre señor apenas hablaba.
El primer incidente ocurrió cuando al administrarme la medicina correspondiente, en vez de entregarme las que me pertenecían me suministraron las del enfermo cercano.
Yo continuaba con mi brazo extendido y ya empieza a notar que no evolucionaba todo como debía de ser correcto. Mi mano izquierda iba tomando un color demasiado poco acostumbrado. Del rosa pálido se iba convirtiendo en un tenue morado.
La venda con el paso de los días se había transformado en una fiel cuerda que iba cortando el paso de la sangre hacia mi mano.
Viendo la situación yo mismo y ayudado por mi madre la corté. Tras esto descubrí como se había marcado una profunda señal en el principio de mi mano provocada por la venda.
Lo médicos seguían insistiéndome en que moviera los dedos de la mano dañada. Pero cada vez que lo hacia la sorpresa y el estupor se apoderaban de mi. Ya no parecían dedos humanos, sino metálicos. Apenas se podían mover. Se habían quedado oxidados igual que las bisagras de una puerta. Y en vez de poseer unos dedos humanos ahora sentía como si estos fueran los de Mazinger Z.
La impresión que me llevaba cada vez que ejercía el intento de moverlos era desilucionantes y extraña.
Ya llevaba unos diez días de la habitación, y hasta ahora no había sentido muchos deseos de levantarme de la cama. Pero hoy había amanecido con mayor ánimo, a pesar de que continuaban las sorprendentes reacciones de mis extremidades. Fui visitado, por la nombrada amiga que me acompañó durante la feria y eso me infligió fuerzas para dar un pequeño paseo por los pasillos del hospital.
Tras llegar al corredor principal donde se unen varias alas del edificio, mi amiga me invitó a un cigarrillo. Ya hacía bastantes días que no fumaba, y aunque no me apetecía en demasía, acepte la invitación. Mi madre, al poco rato, también se acerco a charlar con nosotros.
Mientras estábamos los tres reunidos en una animada conversación, oímos como desde el ala el hospital donde me encontraban, requerían la presencia del algún familiar mió. Al momento mi madre se ofreció voluntaria a acudir. Mi amiga y yo continuamos nuestra animada conversación.
Al cabo de pocos minutos mi madre apareció en el lugar donde nos encontrábamos con la cara descompuesta, el semblante triste y alterado. Le pregunté que le ocurría y ella contesto muy nerviosa que la habían solicitado para comunicarle el resultado de unos análisis que me habían hecho. Y que estos afirmaban que yo tenía leucemia.
Pues con esta noticia ya se pueden imaginar las fatiguitas que me entraron por el cuerpo. El cigarro fue despedido con ímpetu hacía una las paredes del lugar, y los tres presentes nos quedamos muy sorprendidos y alterados.
Fueron pocos minutos los que permanecimos en este estado de shock, pues al poco rato volvieron a requerir a mi madre en el mismo lugar que antes.
En dos minutos volvió hacia el lugar donde me encontraba. Esta vez con la cara mucho más alegre y serena.
Me comunicó al instante, que el informe de los resultados anteriores no correspondía a mí, sino a otro paciente. Y que lamentaban profundadamente haberse equivocado.
A mi no me quedo nada mas que exclamar: “Estos no me quieren curar. Lo que quieren es rematarme”.
Viendo que mi estado no mejoraba, y que quizás requería mayor tranquilidad, a los pocos días me dieron de alta en hospital. Tendría que regresar en unas semanas para una nueva consulta. Pero esos ya son otras historias, que contaré mas adelante.

sábado, 5 de junio de 2010

¿Mortajas o mantones de Manila?


Tras comprobar los médicos que mi recuperación no era satisfactoria decidieron buscarme una cama en la planta de traumatología del hospital. Ya al tercer día de permanecer en el pasillo de urgencias mi tensión no daba para más. Pero antes del traslado definitivo me llevaron a otra sala, donde se encontraban los enfermos aún en peores condiciones. Allí había varios pacientes, todos ellos acompañados de tubos de respiración asistida. Ahora si que su quejar era terriblemente lastimosa. Estos condicionantes iniciaron empeorar mi situación anímica.
Recuerdos que estos momentos los médicos se permitieron la licencia de que mis compañeros de facultad me visitaran. Los pobres aparecieron con una estupenda caja de bombones. Yo en otra ocasión los hubiera devorarlos, pero en ese instante no tenía ganas ni de probarlos.
Viendo que mis nervios ganaban la batalla, decidieron aplicarme otro relajante muscular, esta vez, aún más fuerte que los anteriores. Gracias a este quede sumido en un profundo sueño.
Cuando desperté ya no me encontraba en el mismo lugar, sino en uno, que en principio me pareció terrorífico. Fue abrir los ojos y lo primero que leí, justamente enfrente de mí, fue el rótulo de Tanatorio. Me vi. solo, sobre una camilla y en la misma puerta del nombrado lugar. Después de tantos incidentes extraños y tantos despropósitos, pensé en un breve momento, que yo me habían dado por muerto y me trasladaban aquel negro lugar.
Grite como puede, intenté bajarme de la camilla. Cuando de pronto apareció un enfermero que intento calmarme mientras me volvía a colocar sobre mi persistente camastro. Intentó explicarme que me había colocado en puerta del tanatorio, porque al lado de esta se encontraba el ascensor , que serviría para llevarme a planta, y antes de entrar debíamos dejar salir a otra camilla. Como la aclaración me pareció convincente, mi estado de ánimo volvió a un momento mas calmado.
Tras subirme en el ascensor, por fin llegamos a la planta de traumatología. Pero aún no podía ocupar una habitación. Tenía que esperar que le dieran el alta a algún enfermo para que yo ocupara su lugar. Fueron otras siete u ocho horas que me llevé en un nuevo pasillo, esta vez este mas tranquilo y menos transitado. Lo peor de todo es que me situaron al lado de la habitación donde se guardaba la ropa de cama de la planta, sábanas, almohadones, etc. Con la puerta abierta de este cuarto yo veía desde el pasillo todos estos enseres. Pero para mala suerte la mía, el estante que quedaba mas directo a mi vista era donde estaban colocadas las mortajas. Después de todo lo pasado esa visión no era la más agradable. La mente contaba y recontaba el número de mortaja que se encontraban en el estante y no paraba de imaginar quienes podrían ser sus dueños.
Por fin después de varias horas se acercó a una agradable enfermera a preguntarme que como me encontraba. Yo le contesté: “Bien, mucho mejor. Pero aun mejor estaría si cambiarais las mortajas por mantones de Manila”.

Dibuja con perspectiva

Dibuja con perspectiva
Dibujas con perspectivas - Diferentes vídeos